Para el consumidor/Para saber más sobre seguridad alimentaria

Dietas

 

La pérdida de peso, cuando es necesaria, puede abordarse, entre otras medidas, mediante una dieta de alimentación. Existe una multitud de dietas cuyo objetivo es el de perder peso, generalmente de la forma más rápida posible. Pero no todas las dietas son adecuadas para ese fin, ni todas están basadas en criterios científicos. Para que una dieta sea efectiva y además no suponga un riesgo para la salud debe cumplir una serie de requisitos.

  • En primer lugar, debe buscarse una pérdida de peso gradual, paulatina, moderada. Para ello, sin hacer déficits nutricionales, habitualmente se necesita ingerir entre 20 y 25 calorías por Kg. de peso real.
  • Por ejemplo, una mujer de 80 Kg. necesitaría aproximadamente de 1.600 a 1.800 calorías, dependiendo del ejercicio que realice. Si consume menos puede haber deficiencias de proteínas, vitaminas o minerales que a la larga pueden causar problemas médicos y una más rápida recuperación del peso perdido. Este último aspecto es muy frecuente ya que las dietas excesivamente bajas en calorías hacen perder proteínas musculares y bajan tanto la tasa metabólica que se produce un efecto rebote.
  • El aporte equilibrado de nutrientes es muy importante para poder perder peso de forma sana, de modo que se deben repartir los diferentes nutrientes en los distintos grupos alimentarios.
    • Se necesita un mínimo de hidratos de carbono diarios para el funcionamiento correcto del sistema nervioso (cerebro, nervios) y para el funcionamiento correcto del corazón y de las células sanguíneas (glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas). Aproximadamente entre el 40 y 50 % de las calorías de una dieta deben ser aportadas por los hidratos de carbono. Los hidratos de carbono se encuentran en grupos alimentarios que no deben dejar de consumirse como:
      • Cereales (trigo, avena, centeno, cebada, etc.) y sus derivados (pasta, pan, cereales de desayuno, etc.).
      • Arroz.
      • Tubérculos (patata).
      • Legumbres.
      • También contienen pequeñas cantidades de hidratos de carbono, las verduras, las hortalizas y las frutas.

Las bebidas azucaradas y otros dulces también contienen hidratos de carbono (azúcar), pero no son aconsejables en las dietas para perder peso.

    • Entre un 10 y un 20 % de las calorías de la dieta deben ser aportadas por las proteínas. Los alimentos más ricos en proteínas son la carne, el pescado, los huevos, el queso curado y los frutos secos.
    • El 30-35 % será aportado por la grasa. Este último nutriente es el que más hay que restringir a pesar de que muchas dietas poco científicas o poco comprobadas sostengan lo contrario.

Es muy importante que se mantenga este reparto equilibrado de nutrientes aportados por los distintos grupos alimentarios, por tanto debe existir una gran variedad de alimentos en una dieta planteada para la pérdida de peso.

Sin embargo muchas dietas propugnadas como “milagrosas” se basan en una sola clase de alimentos durante una semana (dieta del pomelo, del albaricoque, etc.), durante un tiempo o en la restricción de grupos enteros de alimentos, como por ejemplo las dietas sin hidratos de carbono o las dietas sólo basadas en proteínas o las dietas hipergrasas, que son aquellas en las que se puede comer ilimitadamente tocino, bacón, alimentos muy ricos en proteínas y grasas, como quesos curados, carnes, pescados grasos, etc.

Los inconvenientes de este tipo de dietas son, como se ha mencionado anteriormente, el aporte desequilibrado e insuficiente de nutrientes, lo cual a la larga conlleva a unos efectos muy similares a las dietas excesivamente restrictivas. Ya que necesitamos un mínimo de hidratos de carbono diarios, si éstos no los aportamos con la dieta, destruiremos nuestra masa muscular para formar glucosa y alimentar así las células de nuestro sistema nervioso central, glóbulos rojos, etc.

Por otro lado si la dieta es excesivamente rica en grasa puede producir un aumento de los cuerpos cetónicos en sangre (acetona), lo que lleva a la deshidratación y otros trastornos metabólicos, que en algún caso extremo han llevado a la muerte súbita por arritmia, mucho más si se tiene algún factor de riesgo cardiovascular previo, lo que sucede con muchas frecuencia en las personas que padecen obesidad.

En otros casos las dietas excesivamente grasas y que suprimen los alimentos hidrocarbonados y son poco abundantes en verduras y frutas, pueden producir un aumento del colesterol y los triglicéridos en sangre.

Dietas milagro

Periódicamente aparecen nuevas dietas, que tienen en común el anuncio de una rápida pérdida de peso sin esfuerzo. Estas "dietas milagro", inducen una restricción calórica muy severa, que generalmente conduce a situaciones de carencias que las hace insostenibles en el tiempo y peligrosas para la salud.

Periódicamente aparecen en el mercado nuevas dietas de adelgazamiento, difundidas a través de programas de televisión, revistas de moda, alimentación, etc., que tienen en común el anuncio de una rápida pérdida de peso sin apenas esfuerzo para quienes las realizan. Estas "dietas milagro", que son fruto, en muchos casos, de la búsqueda de beneficios económicos más que de la promoción de una alimentación sana y equilibrada, inducen una restricción calórica muy severa, que generalmente conduce a una situaciones de carencias en vitaminas y minerales y alteraciones metabólicas, y a una monotonía alimentaria que las hace insostenibles en el tiempo y peligrosas para la salud.

Estas dietas, prescritas por personas ajenas al campo de la nutrición, se caracterizan por las escasas calorías que aportan. Ante esta situación de semiayuno el organismo reacciona compensando la falta de energía recibida con un aumento de la destrucción de las proteínas corporales, como fuente alternativa de energía, lo que provoca una pérdida de masa muscular y por otro lado la formación de cuerpos cetónicos, peligrosos para el organismo cuando su formación se prolonga en el tiempo

Sin embargo, quien sigue estas dietas asocia la pérdida de masa muscular con el éxito del régimen escogido pues provoca unos resultados espectaculares al subirse a la báscula durante las primeras semanas. Esto se debe a que el tejido muscular es muy rico en agua, con lo que se elimina mucho líquido en la primera fase, favorecido en algunos casos por el consumo de diuréticos, lo que conduce a una llamativa pérdida de peso.

El problema añadido de estas "dietas milagro" es que favorecen una recuperación muy rápida del peso perdido (efecto rebote) cuando se abandona el régimen, provocando fenómenos "yo-yo" que se asocian a un incremento del riesgo. La tendencia exacerbada a la recuperación del peso se produce porque las situaciones de semiayuno ponen en marcha potentes mecanismos neuroendocrinos que se oponen a la pérdida de peso: mayor eficacia metabólica, ahorro energético e incremento del apetito, que conducen a una rápida recuperación del peso perdido en cuanto se vuelve a comer "normal", siendo por añadidura ese peso recuperado predominantemente a base de tejido graso.

En resumen, las dietas muy restrictivas, muy bajas en calorías, aunque consiguen que el peso disminuya a corto plazo, constituyen un riesgo inaceptable para la salud ya que pueden:

  • Agravar el riesgo metabólico de las personas.
  • Provocar desnutriciones proteicas y déficit en vitaminas y minerales.
  • Desencadenar trastornos del comportamiento alimentario (anorexia y bulimia), a veces de mayor gravedad que el exceso de peso que se pretendía corregir.
  • Producir efectos psicológicos negativos.
  • Favorecer el efecto rebote.

De forma general, las llamadas "dietas milagro" se pueden clasificar en tres grandes grupos:

  • Dietas hipocalóricas desequilibradas: en estas se incluyen la dieta de la Clínica Mayo, Dieta "toma la mitad", Dieta Gourmet, Dieta Cero. Estas dietas provocan un efecto rebote que se traduce en un aumento de masa grasa y pérdida de masa muscular, existiendo una adaptación metabólica a la disminución drástica de la ingesta energética, que se caracteriza fundamentalmente por una disminución del gasto energético. Estos regímenes suelen ser monótonos, además de presentar numerosos déficits en nutrientes sobre todo si se prolongan por largos períodos de tiempo.
  • Dietas disociativas: Dieta de Hay o Disociada, Régimen de Shelton, Dieta Hollywood, Dieta de Montignac, Antidieta, etc. Se basan en el fundamento de que los alimentos no contribuyen al aumento de peso por sí mismos, sino al consumirse según determinadas combinaciones. No limitan la ingesta de alimentos energéticos sino que pretenden impedir su aprovechamiento como sustrato energético con la disociación.
  • Dietas excluyentes: se basan en eliminar de la dieta algún nutriente. Estas dietas pueden ser:
    • ricas en hidratos de carbono y sin lípidos y proteínas, como la Dieta Dr. Prittikin y la Dieta del Dr. Haas.
    • ricas en proteínas y sin hidratos de carbono: Dieta de Scardale, Dieta de los Astronautas, Dieta de Hollywood y la Dieta de la Proteína Líquida. Producen una sobrecarga renal y hepática muy importante
    • ricas en grasa: Dieta de Atkins, Dieta de Lutz. Se conocen como dietas cetogénicas. Pueden ser muy peligrosas para la salud, produciendo graves alteraciones en el metabolismo (acidosis, cetosis, aumento de colesterol sanguíneo, etc.).